Mendigando amor

Junio 5, 2008

Para dar inicio a ese post me voy a apoyar en una historia real, una historia que viví en carne propia pues la protagonizó el mejor de mis amigos. Una historia, por supuesto, de amor. Para no develar su identidad emplearé un nombre ( X ) para el y ( Y ) para ella. Cualquier semejanza con cualquiera de ustedes es pura casualidad.

Cuando X vió por primera vez a Y, supo que era el amor de su vida. Decidió entonces tenerla para él y lo consiguió. Tuvieron una linda relación de muchos años, pero como todo lo que empieza, termina, su relación fue decayendo con el día a día y antes de que algo tan lindo se destruyera o terminara de alguna otra forma, acordaron separarse. Lo que ambos no sabían era que todavía se querían, pero de esto se dieron cuenta después. Cada cual tomó su rumbo, se refugiaron en otras relaciones pero que al final resultaban cortas, o no satisfacían con las expectativas de cada uno. Pasaron varios meses con sus semanas y la ¨costumbre¨ no los dejaba dormir, necesitaban verse, necesitaban tener y sentir lo que tenían y sentían cuando estaban juntos, estaban diseñados para ser ¨el uno para el otro¨ así que para salir de dudas y tratar de terminar con esa agonía se vieron una vez más, para ver que pasaba.
El encuentro fue como se esperaba, intenso, pasional. Ambos reflejaron lo que todavía sentían, la armonía fluía entre aquellos dos cuerpos creados para una misma cama, pero había un detalle, y era el primero de los problemas, ambos conocían ya los privilegios de la libertad, el no tener que dar explicaciones, el no tener que depender del otro para hacer algo y aunque su relación siempre fue muy abierta en ese sentido, no era igual. Por lo tanto quedaron así, se veían de vez en cuando, a cada rato dormían juntos, eran la misma pareja por 4 o 5 horas, luego llegaba el amanecer y como cuento de hada se rompía todo el hechizo y sus vidas continuaban normalmente.
El segundo problema surgió después, X todavía estaba muy enamorado de Y, todavía la deseaba con locura, aún veía por sus ojos. Pero Y, a pesar de que aún quería a X, no sentía de la misma forma, o por lo menos para ella nada era igual. Pasó el tiempo y los encuentros seguían, los deseos decaían por parte de Y cada vez más X enamorado como estaba y aún deseando, más bien obsesionado por el cuerpo de aquella mujer, no se daba cuenta.
Después de varias semanas sin verse por motivo de que Y estaba para un viaje de vacaciones y X tenía trabajo hasta para hacer dulce, la ausencia de Y para X se hizo inaguantable. El día que Y regresó de sus vacaciones llamó a X, necesitaba verlo y X al no poder aguantar las ganas que tenía de verla, de abrazarla, de besarla, de estar con ella, no la hizo esperar.
Todo parecía estar normal, pero, lo que Y únicamente quería desde hacía un tiempo en adelante y esa noche era dormir ( roncar, amanecer babeada ) junto a él, justo eso y nada más usando la excusa de siempre: ¨ Estoy cansada¨, etc.… Algo irónico si tenemos en cuenta de que acaba de volver de unas ¨vacaciones¨. Y así se quedó el pobre de X con ganas de aquello y sin esperanzas de nada, y allí permaneció, callado, despierto junto a ella, con miles de cosas que le venían a la cabeza, perturbado, pero sobre todo, deseando aquel cuerpo que dormitaba a su lado desnudo, y así lo sorprendió el alba, con los ojos llenos de lágrimas y con el alma vacía. Ella despertó como si nada, reclamando un abrazo de buenos días que él ya, no se sentía capaz de brindar. X solo se quedó callado, mirándola, mientras ella extrañada se reponía frente a la actitud tan poco cariñosa del hombre que estaba a su lado. X se levantó de la cama, fue al baño, se aseó, se vistió, fue hasta ella, le dio un beso en la frente, dio la espalda y se dispuso a marcharse, ella lo detuvo en el acto, preguntándole que le pasaba. X se tragó las palabras que en ese momento tenía trabadas en su garganta, miró alrededor, como por última vez aquel cuarto que una vez fue su nido de amor, se viró lentamente y solamente le dijo: Me cansé de mendigar amor. Y así se fue…

Al final, Y se dio cuenta de que lo quería más de lo que pensaba, pero X salió de esa casa dispuesto a encontrar alguna mujer que necesitara de su amor, de su compañía, pero que sobre todas las cosa, lo deseara y lo tratara como un hombre…
Fin del cuento…..

El Destino

Junio 3, 2008

Muchos opinan que el destino es un libro que ya está escrito y que cada acción que realizamos es una página. Yo más bien opino que cada acción que realizamos se escribe en el gran libro que es la vida. La vida misma, que a su paso reúne historias en cada minuto que transcurre, en cada hecho inesperado se forma una letra que va formando una enciclopedia de tiempo, sagrada e inédita que un día será arrebatada por la muerte, pero que sin dudas, dejará esparcido entre las personas que logren leerla, enseñanzas y conocimientos.

Si el destino ya está escrito, entonces las decisiones que tomamos no son decisiones, simplemente son pasos que ya estaban marcados y que solamente estamos siguiendo, algo así como una guía o un sendero que ya alguien transitó y te dejó hecho para que andaras por él. Yo realmente me niego a pensar que es así… Prefiero pensar que soy responsable de mis actos, que trazo mis propios pasos, equívocos o correctos, pero míos.

Si el destino fuera un libro que ya está escrito ¿Quién es el fatídico escritor que a muchos nos alarga o nos acorta la vida, que nos enseña la felicidad o las desgracias, que juega con nuestras almas como si se trataran de fichas de un juego de ajedrez que solo él protagoniza? Si tú que lees esto, eres religioso/a me imagino que tu respuesta es una sola: Dios. Pero ¿Y si eres ateo/a? ¿Qué respuesta me puedes dar? ¿Quién crees que sea el que edita tu historia y hace con ella un juego del cual no puedes salir? ¿Que ciencia puede encadenar tantos eventos juntos e inevitables?

La respuesta en concreto yo no la sé, ni quiero saberla, no por cegarme frente a la interrogante, sino porque yo prefiero responderme a mismo creyendo en mis convicciones. Pero desgraciadamente, esté o no equivocado El Destino existe, no es algo material, no es algo espiritual, solamente es el nombre que le asignamos, digamos que por necesidad, a una serie de sucesos en cadena ¨ inesperados ¨ que se cruzan en nuestro día a día y que marca quienes somos o lo que somos. Y está aquí ahora, y estará, como una rueda que no se detiene y que arrastra todo a su paso, a ti, a mi, a todos…

El pinguino hablador